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Una lectora nada comn
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by [MAGSA ]

2012-07-12  | [この作品をこのようにご覧ください espanol]    | 



Alan Bennett es autor de muchas y celebradas obras teatrales, como Habeas Corpus, Forty One Years On, Kafka's Dick y The Madness of George III; guiones cinematogrficos como Prick Up Your Ears, y piezas televisivas, entre ellas Talking Heads y An Englishman Abroad, que lo han convertido en uno de los autores britnicos ms queridos.
Su trayectoria fue definida por Burton Kendle de la siguiente manera: Las obras de Alan Benett dramatizan el deseo humano de encontrarse a s mismo y a su mundo a travs de un lenguaje juguetn e inadecuado.
Estos prrafos que evocan mi paso por las aulas de la FFyL, me dan pie para compartir con el lector un bocado de cardenal (literario) muy a modo para la temporada de vacaciones: Una lectora nada comn.
En esta novela corta -o cuento largo- que tiene como centro la lectura y el acto de leer, en lugar de una perorata como las que los bienintencionados asestan a los no lectores, Bennett crea una situacin ingeniosa y divertida: pone a la reina Isabel, cerca de los ochenta aos, a descubrir el placer de la lectura. Y da vida a un asistente, Sir Kevin, como burcrata guardin de la ignorancia y por lo tanto de la tranquilidad, pues se echa a cuestas la tarea de intentar alejarla de los libros.
El texto de Bennett es una historia sin muchos recovecos, lineal, de escritura sencilla, que se lee fcilmente y de una sentada lo que me record Los puentes de Madison- pero es muy ingenioso y supongo que resulta an ms divertido para el pblico ingls, ms familiarizado con los usos y costumbres de la monarqua.
Casi por accidente, como ocurren muchas cosas importantes en la vida, la reina Isabel comienza a leer y su inters va en ascenso hasta convertirse en una obsesin. El autor parte de la premisa de que la Reina, con la gran cantidad de compromisos polticos y sociales que debe atender, ha estado toda su vida ajena a la lectura. Desde el inicio, nos muestra algo que no es ficcin: las personas que leen son extraas, la gente desconfa de ellas, parece como que el influjo de los libros las lleva a actuar diferente o bien que se crean un mundo distinto y que se vuelven poco confiables. Ah, mas para esto est all el fiel servidor Kevin: para alejarla de esta mala costumbre!
Bennett recrea -ms bien caricaturiza- a la clase poltica como no lectora. En una recepcin oficial, un imaginario presidente francs se alarma cuando la reina lo interroga sobre Jean Genet, de cuya existencia no tiene la menor idea, y con la mirada busca desesperadamente a su ministra de Cultura para que lo saque del aprieto.
Aparece tan inusual que una cabeza de Estado sea lectora empedernida, que si lo hace en pblico debe ser con una lectura polticamente correcta, para no enviar un mensaje equivocado. Los publicistas del reino sugieren emitir un comunicado de prensa para informar que la Reina gusta de leer a los clsicos, para justificar la eleccin. Las figuras pblicas parecen no tener derecho a leer por placer, pues como dice el asistente Kevin, tendramos que asociar sus lecturas con una finalidad ms amplia: la alfabetizacin del pas entero por ejemplo, o mejorar el nivel de lo que leen los jvenes. De otro modo, una Reina que lee se percibe como no disponible, como egosta.
Todo, lo que se lee y lo que no, tiene una lectura poltica. Cuando la Reina intenta modificar su imagen en televisin y propone aparecer con un libro en la mano, de inmediato se le cuestiona sobre el libro a seleccionar. Ella escoge un poema de Thomas Hardy titulado La convergencia de dos que habla del encuentro del Titanic y el iceberg. Mas el Premier, nada divertido, advierte que es un mensaje que no puede suscribir el gobierno, pues al pblico no se le puede permitir pensar que es imposible controlar al mundo. Es un camino que conduce al caos, o a perder las elecciones, que es lo mismo.
Este tipo de pasajes puede mover a risa por la exageracin, pero el escritor, que se ha movido en los medios, sabe que son interpretaciones que hoy en da estn a cargo de asesores polticos: algunas son descabelladas y otras no, ya que vivimos en un mundo de percepciones donde no importa mucho lo que ocurre sino lo que se piensa que ocurre.
Sacarse de la manga el ttulo La Biblia cuando le preguntan a alguien sobre sus lecturas, especialmente cuando stas no existen, es un recurso comn y Bennett lo retrata de manera divertida. Es la respuesta que da un sbdito cuando la Reina le pregunta qu est leyendo. Se trata de una salida fcil porque en la Prfida Albin casi todo mundo tiene un ejemplar en casa. La trama no es un secreto para nadie y es difcil someter a prueba al supuesto lector.
Una imagen afortunada que consigue Bennett sobre el acto de leer es cuando la Reina cae en la cuenta de que a los libros no les importa quin los lee: lo mismo puede hacerlo una reina que la persona ms plebeya del Reino. En la lectura no caben monarquas. La lectura es una mancomunidad, las letras una repblica, piensa el personaje-Reina cuando descubre el significado de la expresin Repblica de las letras: los libros no se someten. Todos los lectores son iguales y eso los remota al comienzo de sus vidas.
Bennett llama la atencin sobre algo que casi todos hemos experimentado: lo insulso de los discursos polticos. Excepto algunos que ha recogido la historia, e independientemente del partido o del puesto, casi todos suenan igual, porque la naturaleza misma de sus fines hace que sean textos directos, referenciales, escritos sin imaginacin y creatividad. En la narracin de Bennett, la Reina, embarcada en el proceso de apreciar la lectura, tuvo conciencia de lo tediosas que eran aquellas bobadas que deba pronunciar [] mi gobierno har esto mi gobierno har lo otro: estaba tan zafiamente redactado y tan desprovisto de estilo o de inters que pens que el acto mismo de leer aquel texto era degradante.
Para quienes ya tienen el feo vicio de la lectura, asomarse a los hbitos recreados en la narracin de Bennett es ingenioso y atractivo. Primero, que -como deca Edmundo Valads- poder leer es ya no volver a estar solo, es disfrutar de esa soledad que slo aprecian quienes han aprendido a tener como buen compaero a un libro; segundo, que leer es algo que podemos hacer sin ninguna finalidad concreta, sin justificacin ni meta, slo por el disfrute de recorrer la vista sobre las letras y nadar en el placer de conocer otras vidas y otras realidades; experimentar la emocin de elegir un libro y dejar que los libros nos sorprendan; leer varios libros a la vez, pues quienes se han dejado atrapar por la lectura saben que confundir un libro con otro slo es un pretexto de quienes no leen.
Se tiene la idea de que leer es bueno en forma genrica. Esta ventaja se asocia con la adquisicin de conocimiento, pero se piensa que es la acumulacin de datos, fechas o acontecimientos. Casi nadie ubica el provecho en trminos del conocimiento de s mismo; es decir, de conocer a la humanidad a travs de muchos de sus ejemplares. A medida que la reina va leyendo surge otra necesidad, la de escribir sus propias impresiones acerca de lo que lee. Una noche descubre que no pones la vida en los libros, la encuentras en ellos. Esto lo refiere de una forma parecida Jean Paul Sartre en Las palabras, libro en el que describe cmo lleg a la lectura, en forma muy temprana por cierto, pues aprendi a leer a los cuatro aos y la enorme biblioteca del abuelo lo condujo al mundo de los libros.
Dice Sartre: Se despedan nuestras visitas, yo me quedaba solo, me evada de aquel cementerio trivial, iba a reunirme con la vida, con la locura en los libros. Me bastaba con abrir uno para descubrir en l ese pensamiento inhumano, inquieto, cuyas pompas y tinieblas superaban a mi entendimiento, que saltaba de una a otra idea, tan rpidamente que se me escapaba cien veces por pgina, y aturdido, perdido, dejaba que se fuera. Los personajes surgan sin avisar, se amaban, se peleaban entre s, se degollaban mutuamente; el sobreviviente se consuma de pena, se una en la tumba con el amigo con la tierna amante que acababa de asesinar. sta es la enorme y valiosa oportunidad que nos dan los libros, la de vivir con la lectura vidas que nunca tendremos.
En las crticas o reseas sobre el libro de Bennett he encontrado que se destaca la reverencia por la lectura combinada con el reconocimiento al ingenio de retomar a un personaje de la vida real -y qu personaje!- e imaginar cmo sera su camino de Damasco hacia el hbito de leer, lo cual es una interpretacin que da para mucho. Pero en mi lectura encuentro relevante la agudeza con la que observa las costumbres de los personajes polticos: el acartonamiento de Sir Kevin, la necesidad compulsiva de dar una imagen, la ignorancia de muchos personajes de la vida pblica y la gran necesidad de la poblacin de que esos rituales se cumplan puntualmente.
El final es sensacional. No lo delato. Slo apunto que la Reina rescata su vida de lectora y queda la insinuacin de que, al igual que su ilustre antecesor que prefiri el amor y cedi el trono, ella tambin abdicar para seguir un camino elegido.
sta es otra de las ventajas de la literatura: no es una ecuacin matemtica y las lecturas pueden ser muchas, tantas como lectores haya. Dejo hasta aqu mis impresiones sobre Una lectora nada comn, para evitar el riesgo de que resulte un texto ms abultado que el propio libro que comento. Y ofrezco un postre: unas lneas de Convergencia de dos de Thomas Hardy:
I - En la soledad del mar, / al fondo de la vanidad humana, / del Orgullo de Vida que la concibiera, yace tranquilamente. / II - Aposentos de acero, extintas ya las piras / de su fuego, salamandrino antes, / atravesados por las fras corrientes, vueltos liras de rtmicas mareas. / III - En los espejos, creados con el fin / de reflejar a hombres opulentos, / se desliza grotesco y viscoso, callado, / indiferente un gusano de mar. / IV - Las alegres alhajas diseadas / para arrobar las mentes sensitivas, / estn sin luz y todos sus destellos son nimios, negros, nulos. / V - Peces con ojos de menguante luna / contemplan los dorados aparejos / y se preguntan qu hace aqu tamaa petulancia?


Profesor investigador en el Departamento de Ciencias Sociales de la UPAEP Puebla.
11/7/12


@sanchezdearmas

www.sanchezdearmas.mx
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